El sustituto no arranca a ciegas
El sustituto abre el puesto y el proceso ya está ahí. No llama a nadie. No espera a que Javi conteste el móvil desde casa. Arranca.
Tu planta depende de dos o tres personas. Si una falta un martes a las seis, lo notas en la línea. REELEVO pone lo que saben en el puesto, para que el turno siga sin ellas.
Sin tarjeta · Sin compromiso · Sin llamada comercial
REELEVO es el software español para digitalizar la planta industrial de las pymes: lleva el control de producción, la continuidad ante bajas y la trazabilidad de ejecución al puesto de trabajo, sin la complejidad de implantar un MES.
Bajas, incorporaciones y turnos sin trazabilidad. Ese es el foco principal.
Es martes a las 6:30. Javi lleva 15 años en esa máquina y hoy está en urgencias. Su sustituto no domina el proceso. La línea no arranca hasta que alguien encuentre la solución o hasta que Javi coja el teléfono.
Llega alguien nuevo — fijo, personal de ETT, lo que sea — y necesita aprender el puesto. Uno de tus mejores operarios deja su máquina para hacer de tutor durante días. Dos personas ocupadas, un solo puesto produciendo.
La producción pasa, pero no queda registro. No sabes quién ejecutó el proceso, si siguió los pasos correctos, si hubo incidencias o cuántas unidades salieron realmente. Decides sobre estimaciones, no sobre datos.
Son datos del sector industrial español. La mayoría de pymes industriales y talleres asumen esto como "normal". No lo es.
REELEVO no es una suite que se implanta entera el primer día. Es un ciclo de cuatro fases: defines el estándar, se ejecuta en el puesto, queda registro y decides con ese registro delante. Lo que aprendes en la cuarta vuelve a la primera.
¿Qué hay que hacer, y quién puede hacerlo?
Defines qué procesos existen, en qué máquina va cada uno y quién está capacitado. Sin eso, un monitor en tiempo real solo enseña nombres sueltos.
La guía lleva foto, vídeo del gesto exacto y el «por qué» de cada paso. La matriz define los niveles: en formación, apto, experto.
Cada proceso se define con sus pasos y su tiempo objetivo. Ese objetivo es contra lo que después comparas el tiempo real.
La guía se monta paso a paso, con el defecto que evita cada uno, y los pasos críticos se marcan como validación obligatoria.
Defines la obra con los trabajos que incluye, el proceso de cada uno y el tiempo previsto. La planificación deja de vivir en un Excel.
¿Cómo llega al operario si falla la wifi?
El operario abre el proceso con un QR y su ejecución empieza a contar en ese momento. El monitor se alimenta de trabajo real, no de partes rellenados luego.
Quien aprende ejecuta con la guía delante en lugar de memorizar antes. El tutor pasa de explicar cada paso a verificar el resultado.
Cada ejecución se abre y se cierra en el puesto. El tiempo sale del propio trabajo, no de una estimación a final de mes.
La guía avanza paso a paso en la pantalla del puesto y no deja saltarse lo crítico. Sin cobertura también, que es cuando más se improvisa.
Cada operario abre el trabajo que le toca de esa obra y lo cierra al terminar, con firma si el cliente la exige.
¿Qué ha pasado de verdad en el turno?
Monitor de actividad: qué operario está en qué máquina, en qué proceso y cuánto lleva. El estado del turno mientras pasa, no en la reunión del día siguiente.
Cuántas veces ha ejecutado cada proceso, con qué tiempos y cuántas consultas ha necesitado. Ahí es donde se mide el aprendizaje de verdad.
Duración real por proceso, por producto y por operario. Ves cuánto cuesta cada referencia y quién rinde mejor en cada máquina.
Qué guía se siguió, en qué versión, quién la ejecutó y en qué paso se paró. La investigación deja de acabar en «fue un despiste».
Historial por pieza y por proyecto: qué trabajos se han cerrado, cuáles faltan y cuánto ha llevado cada uno frente a lo previsto.
¿Qué haces con lo que ahora sabes?
Si la línea 3 se atasca te enteras cuando todavía puedes mover a alguien. Y la alerta de cobertura salta antes de que el turno se quede corto.
La matriz sube de nivel con la ejecución real, no con intuición. Ves quién puede cubrir qué y dónde falta refuerzo antes de que aparezca el error.
Detectas quién hace ese proceso mejor y en menos tiempo, y conviertes su método en el estándar del resto. La habilidad deja de ser una anécdota.
El fallo que se repite no se archiva: reescribe la guía, y el cambio llega a todos los puestos a la vez sin reimprimir nada.
Comparas lo planificado con lo real y replanificas con datos. La siguiente obra parte de lo que costó la anterior, no de una estimación.
Atraviesa las cuatro fases
El sustituto abre el puesto y el proceso ya está ahí. No llama a nadie. No espera a que Javi conteste el móvil desde casa. Arranca.
Producción ve el turno mientras pasa, no en la reunión del día siguiente. Si la línea 3 se atasca, te enteras cuando todavía puedes mover a alguien.
Cada proceso ejecutado deja rastro: quién lo hizo, cuándo y cuánto tardó. Cuando llega la auditoría de calidad —o se jubila el de toda la vida— no empiezas de cero.
Empiezas con 60 días del plan Pro completo, sin tarjeta. Cuando terminan, tu cuenta pasa al plan gratuito: no pierdes lo que hayas montado ni te quedas fuera. Decides pagar cuando tengas motivos, no cuando se acabe un contador.